CLARA
Dos niñas exhaustas de beber el centro y médula del cuerpo, de esa leche que mana de la pena y la angustia amarga. Corrían, porque aún beben si corren, y aún corrían entre Uds., si es que bebían del mismo cuerpo. Tal vez eran sus ojos quienes corrían, huían de mirarse bien, de centrar la mirada ante la otra, interpelándose.


