31.3.06

Tal vez erré

Tal vez erré: Cuando imaginé que mis sueños eran eclipses, Y que las estrellas no parpadearían de nuevo (sobre los cielos), Y las aguas de los ríos secos, No lloverían como promesas, Ni tampoco callarían los cantos, Como gritos ahogados de sirenas. Erré cuando vi que tus ojos Habían llorado más que los míos, Y antes de eso, Eran aquellos los más rojos que me habían mirado. Afinando las palabras en mi lengua... ¡Hallé la tuya! Más húmeda y roja. Y acerté tomarte las manos Para que sudaran las 4 juntas. Esos lazos remotos que afloran con los siglos, Ese sentimiento universal, Suele ser más real que nuestras carnes y nombres. ¿No crees que no importa el cómo nos conocimos?, En definitiva repetimos la historia de manos pasadas, Rojos corazones sangrientos Que mordieron bocas, Y callaron quejidos, Que seducieron ojos llenos de miedo, Y endulzaron sonrisas. Como las nuestras, Cuando nos sentimos, Como la tuya cuando me piensas, Y la mía cuando te miro. Los violados aires de Santiago, Huelen incluso mejor, Cuando viajas bajo tierra, Hacia esta casa, Y tocas la puerta, dudoso, Y contienes el gusto por saludarme como quisieras, Mientras yo te beso con los ojos, Y el retorno de aquellos, Se refleje en tu boca.
Cygnus

26.3.06

La creación

Érase una vez, un ser que vivía solo, siempre lo había hecho, porque no existía nadie más. Él tenía el poder de crear, porque él mismo se había creado, aun que no tuviera registro de ello, porque siempre había estado allí, existía de siempre, él, era infinito. Un día decidió poner en práctica su sabiduría y poder, crear el sueño que había calculado durante toda su existencia. Entonces, con sus ganas de crear existencia, crear vida y movimiento; comenzó a dar sentido a su sueño en esa dimensión vacía. Pintó de negro aquel infinito, ese llamado “Universo”, lo lleno de cuerpos que se movían, que giraban, que generaban una fuerza tan grande que atraían a otros, y se prendían en fuego e iluminaban su entorno. A la distancia podían verse, como un insignificante punto luminoso, que aún así era poderoso y amenazante. Este conjunto de astros formada galaxias, y vías, sistemas, un infinito aterrador, lleno de mundos creado por uno sólo, aquel ser que todo lo formaba, que le daba la fuerza y el sentido, como un titiritero, comenzó a impulsar su obra, para que comenzara a funcionar. Allí, dentro de ese movimiento de esferas y cuerpos gigantes, rocas, fuegos y enormes fuerzas; un insignificante punto sería el foco para El Creador. Su centro de vida, llamado “Tierra”, porque de la tierra, del polvo y de esas pequeñas partículas había nacido cada uno de sus planetas y cuerpos, porque de ella también nacería la carne... y el agua. Se fecundaría, daría vida, porque la tierra es la base, y allí, sobre ese soporte, nacerían los seres que creerían en él, que lo jerarquizarían en lo más alto, lo llamarían Dios, Padre, Alá, Krishna, Jahvé... Ese punto minúsculo estaba vacío, y en pleno proceso de formación, estaba indeciso, deforme y cada vez daba mayores indicios de ser el perfecto para la obra estratégica. Cuando el tiempo lo quiso, y Dios estuvo preparado, comenzó a llenarse de relieves, de formas sólidas, de aguas que fluían con sabores distintos, con olores. Corrían masas de aire, vientos, con distintas sensaciones, llamadas temperaturas. Cada zona tenía su característica, sus colores, sus aguas...seres estáticos que se erguían incrustados desde la tierra, y se comenzó a alimentar de azul la cúpula del cielo, con la luz penetrante de la estrella que iluminaba la labor de El Creador. El Nuevo Mundo giraba, en torno de éste cuerpo brillante, y también sobre sí misma, así cada parte de ella, podría alimentarse de la estrella y de su luz. Así, otros como la Tierra imitaron su circuito, y planetas comenzaron a girar en torno al cuerpo luminoso... y formaron un sistema de planetas. Pero algo le faltaba a su creación, estaba todo tan cíclico, demasiado intacto. Faltaba el ser que pudiera contactarse con El Creador, el ser que lo pudiera descubrir y desafiar. Ese ser que Él había soñado. Por eso se comenzó a poblar el planeta de seres hechos de sangre, carne y hueso, seres que se movían y habitaban la tierra, desde sus aguas hasta sus árboles y aires. Se adaptaban a las temperaturas, a sus aguas, a sus verdes o a sus arenas, a cada uno de los elementos que El Creador anteriormente había creado. Estos seres convivían y se desafiaban, se destruían y se ponían a prueba. Así el más fuerte, era el que estaba preparado para continuar su evolución en este planeta. Así, poco a poco, fueron quedando menos seres, los más fuertes y los dispuestos a cambiar por el mundo. Irían cambiando, adaptándose, evolucionando, y tarde o temprano ellos mismos, bajándose de su instinto, lograrían estabilizarse en 2 extremidades, erguir su cuerpo, y ver más allá de lo que creían posible. Buscarían, pensarían, procesarían los que ven, sienten, oyen, huelen... Razonarían. Luego a darse cuenta de que de pie podrían ver mejor, y todo estaba su alcance, sus extremidades superiores estaban libres, y podían utilizarlas mejor. El Creador, creyendo listo aquel planeta, contempló su creación, y el Universo, sus galaxias, sistemas, astros y estrellas. Él estaba feliz, y esperó días y noches, años y siglos, milenios, millones de primaveras... Hasta que un día, el fenómeno que él esperaba sucedió. Comenzaron a desafiarlo, utilizando ese intelecto desarrollado de ese instinto salvaje que algún día tuvieron, calcularon, actuaron según su conciencia, su interpretación de lo bueno y lo malo. Se organizaban, se peleaban por ambiciones, comenzaban darle valor a las cosas, a luchar por tener y no por ser. Comenzaron a creer que la tierra era de ellos, y no que ellos eran de la tierra. Y abruptamente, en un abrir y cerrar de ojos, se levantaron cumbres de escombros, de mundo destrozado, de cadáveres víctimas de pensar. Poco a poco, o mejor dicho, en unos pocos miles de primaveras, se transformó la Tierra, de un planeta utópico, a un calvario. Los seres que pensaban, pensaron muy poco en lo que eran, pensaron muy poco en dónde estaban, calcularon mal, y se les fue gastando lo que tenían, lo que iban derrochando, lo que iban consumiendo, se les fue envenenando los seres que comían... Todo estaba mal, y ellos progresaban en su desarrollo ambicioso, todo crecía, y crecimiento era sinónimo de más, de más vender, de más sacar, de más robar del planeta. Dios lloraba, se lamentaba... ¿dónde había fallado? Todo seguía su curso negativo, dónde unos tenían mientras otros humanos quitaban. Y Dios pensaba... El error. ¡Ése era! Haber creído que todo era perfecto, perfectamente cíclico, y no poner la piedra donde cayeran, haberlos hecho pensar en cómo salvarse de ese error. Le había faltado hacerles creer que no eran únicos, que en el universo había alguien más dispuesto a desafiarlos. Dios pensó, y quiso darse unas vacaciones, había visto mucho en su infinita vida, y aun no envejecía. Por eso, cerró sus ojos imaginarios, y volvió a pensar en todo, sin errores, como un perfecto juego de simulación, deseó profundamente ver felices a todos. De ese sueño común, se desprendió una semilla, que cayó lejos, en un planeta nuevo, lejano perdido en una galaxia a millones de años de la Tierra. Y crecieron, seres solos, sin la mano de Dios, crecieron y Dios no lo supo, crecieron y solos, sin impulsos, se equivocaron. Lo conocían, lo alababan, amaban a Dios sin que Él pensara en su existencia. Y como si leyeran sus pensamientos, viajaron millones de años, suavemente, con calma y amor, pisaron la Tierra y sanaron a los corazones dañados de los seres humanos. Les mostraron que no estaban solos y que el miedo a no ser perfectos, debía hacerlos cambiar. Ahora les quedaba a los humanos, el simple deseo de volver al útero de la Tierra, y renacer como un ser nuevo y puro.Dios no entendía, pero también quiso ver cómo todo fluía con su propio curso, sin que él deseara más. Vio como la vida del mundo pasaba ante sus ojos, y la observó con calma y admiración. Pudo sentirse viejo en paz.

17.3.06

“La Hora de las Sombras Largas”

Pisé firme el suelo, no lo podía creer. Atrás mío una fisura en el aire se cerraba, era mi imaginación, porque en verdad ese traspaso de dimensión era absolutamente irreal, tan sólo psíquico. Me encontraba un poco mareada y cuando logré pisar mejor, me detuve a mirar con cuidado mi entorno.
Era extraño, distinto. Sentía que no me había movido ni un centímetro, siendo el mismo lugar en el que me encontraba en ambas dimensiones. Mi cuerpo se situaba en la más bella espesura de una selva, oscura, húmeda. Pensé que en mi tiempo real eso no era más que una planicie de cemento, que ya no existía el oxígeno, que íbamos por la vida como muertos, respirando miles de gases nocivos. Y ahora, quién sabe cuántos siglos atrás me encontraba.
Era todo tan puro, tan virginal, que mis pulmones se congelaron de alegría. Me percaté de un detalle, nada se movía, y entendí que mis poderes psíquicos eran fuertísimos, que esa concentración tan profunda que había logrado, sin lugar a dudas trasladó mi mente de una dimensión a otra.
Pensé en mis estudios de antropología que tanto me servían ahora, y por primera vez observé mi cuerpo, no era el mío; no existían ni mis piernas, ni mis brazos, ni los metales que tenía en los pies para deslizarme más rápido; no había nada de eso. En su lugar, vi una niña, pequeña, de manos oscuras y suaves, redondos dedos, cabellos negros, largos y lisos. Llevaba poca ropa, era extraña, muy colorida. El cuerpo se movía y yo no lo quería así, y entendí entonces que yo había llegado muy lejos, a un extremo peligroso. La niña no se daría cuenta que yo estaba dentro de su mente. La evolución humana, aún tan retrasada. Ocupando el 5% de su cerebro, jamás pensaría en que nosotros mismos, humanos, nos infiltraríamos en sus mentes.
La niña caminaba, y yo intentaba vencer la tentación irresistible de ir más allá de lo que creía permitido. Hundirme en sus pensamientos, comunicarme con ella, tan sólo poder hacer lo que yo quería, por un instante.
En mi era no existen números, ni letras. El sol ya murió, y lo que nos da luz es un transformador de luz, o más conocido como “acumulador”, que junta la energía liberada por las estrellas, y las transforma en un foco gigante que simula al Sol, que ya es un mito. Tuvimos que dejar de comer carne, porque los animales se iban extinguiendo y sus carnes estaban contaminadas, al igual que la leche. Salían todos deformes, pobres animales. No se les podía alimentar bien por lo que empezaron a sufrir variaciones genéticas. La hambruna mundial fue solucionada con una “reducción de personal”, como lo denominó el emperador de la Unión de Territorio, porque ya no se habla de países, somos todos habitantes de la Tierra, el Mundo; el nuevo sistema de gobierno. Es una tortura, la reducción de personal no es más que eutanasia y esclavitud, y esos países se convirtieron en los “generadores de inversión”, más bien, como el planeta se iba enfriando junto al término del Sol, se fue extrayendo el calor africano de por debajo de la tierra, para ser disperso por el mundo...
Era todo tan asqueroso, y pensé en la niñita, que caminaba cantando en una lengua preciosa, melódica. Y yo estaba atrapada en su cabeza. Intenté desconectarme de ella, cegarme, acumular mis pensamientos, concentrarme, sentir mi cuerpo en otra dimensión, y luego encarnarme en la tierra, al lado de la niña, y presentarme. Un remolino de ideas me transformó, y cuando abrí mis ojos, vi el Sol, y la niñita morena de cabellos azabache me acariciaba mi pálido rostro. Ahora podía mirarle los ojos, eran negros, grandes, brillantes, y tan alegres. Y pensé en los míos, tan amarillos, tan pequeños y tan muertos. En mi pelo tan albino, pajoso y corto, porque hay que ahorrar agua, por lo que no se permite tener pelo “largo”. La niña me dijo unas palabras extrañas, y yo le respondí, le entendía todo, y sin darme cuenta le estaba hablando en la misma lengua. -Hola señorita.¿ Se siente bien?- me dijo la niña abriendo sus grandes ojos. -Mmm, sí...bueno, algo perdida me siento. -Mire, estamos en un parque, más allá está la salida, la acompaño, hay una caseta de información turística.-y yo, escuchando su dulce vocecita le dije que sí, y la tomé de la mano, mientras ella me llevaba por el parque, hablándome del lugar. Me contó sobre la historia de la cuidad, que se llamaba Oviedo, que ella iba a la escuela, y que el año próximo sería 1985 y pasaría a 5º año. Ella era tan tierna... La población en la que yo vivía se llamaba “Central de Reforzamiento Nuclear”, no era un nombre propicio para una “seudo cuidad”, pero mis padres, que pude conocer muy poco, me contaron una leyenda sobre ese lugar. Que allí habían vivido osos pardos y que se hablaba asturiano. Cuando entré a antropología en la “Red virtual de Profesiones”, pude aprender sobre los humanos que habitaban estas tierras antes, los celtas, aquellos que podían ser felices. La niña se llamaba Trinidad, y era de Chile, que según me señaló ella, era un país muy lindo, y que por lástima las cosas no estaban bien allí, que estaban matando gente, por lo que tuvieron que cambiarse de país.
Me contó muchas cosas, y cuando llegamos a la puerta me hizo una pregunta. -Mira, quiero que sepas toda la verdad, y yo me di cuenta que tú no eres de aquí. Tú eres rara...mmm,¿en qué mundo vives?- me quedé muda, nerviosa ,tomé aire y le dije. - Me presento, me llamo Orión, y no soy de tu mundo. Yo vivo en otro mundo, pero es un mundo mental. Imaginario.- le sonreí y le besé las mejillas. Me miré, parecía cualquier cosa, con ese traje negro entero, térmico, cerrado, con lo pies cubiertos de mercurio, eran térmicos también, y con ese chip en el cuello que me tenía condenada a no poder huir. Sabía que Trinidad se sentía extraña, podía leer su mente, ella pensaba que yo venía de Marte, y en efecto, Marte es un planeta que ya está habitado. Pero el Sol me estaba quemando mucho, mi piel ardía, y por primera vez empecé a mojarme y a tener deseos de sacarme el traje. -Orión, tú tienes calor. Lo sé ¿dónde está tu equipaje? -¿Mi equipaje?¿Para qué quiero yo equipaje? -Bueno, por más extraterrestre que seas, eres turista, y los turistas llevan equipaje. Quedé estupefacta, y solté una carcajada, la miré. Ella estaba perpleja, con 10 años de edad era muy inteligente. Pero algo me decía que esto empezaría a ir mal. Y sentí ruidos, una pareja de adultos se acercaban, y Trinidad corrió a abrazarlos. Serían sus padres, se notaba en los caracteres genéticos, eran muy parecidos. En la forma de hablar...en mucho. Me hice la despistada y comencé a caminar hacia el otro lado de la puerta de salida del parque, donde ya el típico cemento abundaba. Vehículos graciosos circulaban, y gente caminaba, tan colorida, tan alegres...
Un pálpito me estremeció, y un dolor punzante me comenzó a debilitar. Miré hacia el suelo, las sombras del Sol eran largas, eran esbeltas, elegantes. El pecho me dolía y mi mente se iba, un torbellino de pensamientos volvían a mí, me torturaban, el chip en el cuello, estalló; y la sangre mía goteaba en el cuerpo...¡Qué cuerpo! Era un huracán, no podía ver, me sentía desvanecer, ya no tenía cuerpo.
Ahora estoy aquí, en la dimensión de las mentes. Las pocas que quedan. El mundo murió, la energía fue incontrolable y se dispersó en su forma natural, así, perdiendo el calor del mundo...Morimos, mi cuerpo estaba allí, yo lo veía, estaba muerto sobre el cemento. Pero el haber podido viajar con la mente, me permitió salvar mi esencia. Y aquí atrapada en la dimensión de las mentes, las sombras son largas siempre, porque yo vivo, en mi propia mente, donde puedo crear y vivir donde quiera.-

10.3.06

Escena 1

Parto... El vislumbramiento del nuevo ser, Que verifica aquella luz antepasada. Parto. El de partir por esa base, Desde la que se nace, El comienzo de saber que no hay nada claro, Y sin embargo, Las letras saben a algo. Admito... Nada se siente fácil y común. Los olores son otros, Y los reflejos de los colores, Parecen distantes... La cordillera se nubla de un aire negro, Ese mismo que me seca la boca Y humedece mis ojos. Parir la distancia, Con kilómetros mentales que me atacan, Avanzan rápido y me devuelven, Frente a mi casa, Mis gatas y el bosque... Los puentes, La lluvia y el frío. Escenas que se traspapelan Entre las viejas cajas. Es la misma cama, Vestida de verde, Y enfrente una gran ventana, Que trasluce un fondo negro y ruidoso. Es la noche en la Gran Ciudad.