26.9.06

Deshielos

Miro el lago. Una concentración verde, se refleja ahí, como lo hace la subconciencia en los sueños. Toda la paz que se acumula en sus gotas, en su extensión, su profundidad gélida y calma.

Quién sabe lo que habita allí, dentro de sus litros, en su densidad húmeda; lo que puede significar para los que a sus orillas, financian sus vidas con el potencial de sus aguas. El recurso que se dosifica entre el número de lago-dependientes.

Pescadores, agricultores, pastores y lecheros. Se hidratan los bolsillos y la boca, con agua dulce de deshielo, cordillera que derrite las nevadas canalizadas en vertientes, hacia el lago. Ranco.

Y aquí, desde esta punta del cerro, al lado de un fuego seco y fosforescente que me incinera la espalda, veo cómo el lago ni se inmuta ante carreteras, casas, puentes y ojos urbanos que lo observan. Cómo se pacifica al mismo ritmo que hace miles de años, e incluso ahora, que nosotros mismos lo afectamos con climas modificados y químicos manipulados en industrias tóxicas, y ante nuestra inmunidad auto establecida, lo atacamos.

El lago crece. Las nieves se licuan por algo más potente que la primavera y el sol. Ellos no lo saben, pero nosotros somos quienes lo aceleramos. Los pescadores tampoco lo saben, pero en un tiempo más pescarán profecías, y las vacas dejarán de dar leche blanca, y los terrenos agrícolas serán infectados con plagas, y yo, y nosotros observaremos todo con ojos de víctimas. Y lo cierto es que nuestra complicidad es más visible que esos ojos.

Ojos que ven belleza en todos lados, y aún así la articulación de mis letras son invisibles, impalpables. Su abstracción inminente, no hace más que describir algo tan nítido, la naturaleza, y su génesis inexplicable. Su ciclo atacado.

Psykhe