16.1.07

Rayuela, capítulo XXXII

Bebé Rocamadour, bebé, mon bebé. Rocamadour : Rocamadour, ya sé que es como un espejo. Estás durmiendo o mirándote los pies. Yo aquí sostengo un espejo y creo que sos vos. Pero no lo creo, te escribo porque no sabes leer. Si supieras no te escribiría o te escribiría cosas importantes. Alguna vez tendré que escribirte que te portes bien o que te abrigues. Parece increíble que alguna vez, Rocamadour. Ahora solamente te escribo en el espejo, de vez en cuando tengo que secarme el dedo porque se moja de lágrimas. ¿ Por qué, Rocamadour ? No estoy triste, tu mamá es una pavota, se me fue al fuego el borsch que había hecho para Horacio; vos sabés quién es Horacio, Rocamadour, el señor que el domingo te llevó el conejito de terciopelo y que se aburría mucho porque vos y yo nos estábamos diciendo tantas cosas y él quería volver a París; entonces te pusiste a llorar y él te mostró como el conejito movía las orejas; en ese momento estaba hermoso, quiero decir Horacio, algún día comprenderás, Rocamadour.

Rocamadour, es idiota llorar así porque el borsch se ha ido al fuego. La pieza está llena de remolacha, Rocamadour, te divertirías si vieras los pedazos de remolacha y la crema, todo tirado por el suelo. Menos mal que cuando venga Horacio ya habré limpiado, pero primero tenía que escribirte, llorar así es tonto, las cacerolas se ponen blandas, se ven como halos en los vidrios de la ventana, y ya no se oye cantar a la chica del piso de arriba que canta todo el día Les amants du Havre. Cuando estemos juntos te lo contaré, verás. Puisque la terre est ronde, mon amour t'en fais pas, mon amour, t'en fais pas...Horacio la silba de noche cuando escribe o dibuja. A ti te gustaría, Rocamadour. A vos te gustaría, Horacio se pone furioso porque me gusta hablar de tú como Perico, pero en el Uruguay es distinto. Perico es el señor que no te llevó nada el otro día pero que hablaba tanto de los niños y la alimentación. Sabe muchas cosas, un día le tendrás mucho respeto, Rocamadour, y serás un tonto si le tienes respeto. Si le tenés, si le tenés respeto, Rocamadour.

Rocamadour, madame Irène no está contenta de que seas tan lindo, tan alegre, tan llorón y gritón y meón. Ella dice que todo está muy bien y que eres un niño encantador, pero mientras habla esconde las manos en los bolsillos del delantal como hacen algunos animales malignos, Rocamadour, y eso me da miedo. Cuando se lo dije a Horacio, se reía mucho, pero no se da cuenta de que yo lo siento, y que aunque no haya ningún animal maligno que esconde las manos, yo siento, no sé lo que siento, no lo puedo explicar. Rocamadour, si en tus ojitos pudiera leer lo que te ha pasado en esos quince días, momento por momento. Me parece que voy a buscar otra nourrice aunque Horacio se ponga furioso y diga, pero a ti no te interesa lo que él dice de mí. Otra nourrice que hable menos, no importa si dice que eres malo o que lloras de noche o que no quieres comer, no importa si cuando me lo dice yo siento que no es maligna, que me está diciendo algo que no puede dañarte. Todo es tan raro, Rocamadour, por ejemplo me gusta decir tu nombre y escribirlo, cada vez me parece que te toco la punta de la nariz y que te reís, en cambio madame Irène no te llama nunca por tu nombre, dice l'enfant, fíjate, ni siquiera dice le gosse, dice l'enfant, es como si se pusiera guantes de goma para hablar, a lo mejor los tiene puestos y por eso mete las manos en los bolsillos y dice que sos tan bueno y tan bonito.

Hay una cosa que se llama tiempo, Rocamadour, es como un bicho que anda y anda. No te puedo explicar porque eres tan chico, pero quiero decir que Horacio llegará en seguida. ¿ Le dejo leer mi carta para que él también te diga alguna cosa ? No, yo tampoco querría que nadie leyera una carta que es solamente para mí. Un gran secreto entre los dos, Rocamadour. Ya no lloro más, estoy contenta, pero es tan difícil entender las cosas, necesito tanto tiempo para entender un poco eso que Horacio y los otros entienden en seguida, pero ellos que todo lo entienden tan bien no te pueden entender a ti y a mí, no entienden que yo no puedo tenerte conmigo, darte de comer y cambiarte los pañales, hacerte dormir o jugar, no entienden y en realidad no les importa, y a mí que tanto me importa solamente sé que no te puedo tener conmigo, que es malo para los dos, que tengo que estar sola con Horacio, vivir con Horacio, quién sabe hasta cuándo ayudándolo a buscar lo que él busca y que también buscarás, Rocamadour, porque serás un hombre y también buscarás como un gran tonto. Es así, Rocamadour: En París somos como hongos crecemos en los pasamanos de las escaleras, en piezas oscuras donde huele a sebo, donde la gente hace todo el tiempo el amor y después fríe huevos y pone discos de Vivaldi, enciende los cigarrillos y habla como Horacio y Gregorovius y Wong y yo, Rocamadour, y como Perico y Ronald y Babs, todos hacemos el amor y freímos huevos y fumamos, ah, no puedes saber todo lo que fumamos, todo lo que hacemos el amor, parados, acostados, de rodillas, con las manos, con las bocas, llorando o cantando, y afuera hay de todo, las ventanas dan al aire y eso empieza con un gorrión o una gotera, llueve muchísimo aquí, Rocamadour, mucho más que en el campo, y las cosas se herrumbran, las canaletas, las patas de las palomas, los alambres con que Horacio fabrica esculturas. Casi no tenemos ropa, nos arreglamos con tan poco, un buen abrigo, unos zapatos en lo que no entre el agua, somos muy sucios, todo el mundo es muy sucio y hermoso en París, Rocamadour, las camas huelen a noche y a sueño pesado, debajo hay pelusas y libros, Horacio se duerme y el libro va a parar abajo de la cama, hay peleas terribles porque los libros no aparecen y Horacio cree que se los ha robado Ossip, hasta que un día aparecen y nos reímos, y casi no hay sitio para poner nada, ni siquiera otro par de zapatos, Rocamadour, para poner una palangana en el suelo hay que sacar el tocadiscos, pero donde ponerlo si la mesa está llena de libros. Yo no te podría tener aquí, aunque seas tan pequeño no cabrías en ninguna parte, te golpearías contra las paredes. Cuando pienso en eso me pongo a llorar, Horacio no entiende, cree que soy mala, que hago mal en no traerte, aunque sé que no te aguantaría mucho tiempo. Nadie se aguanta aquí mucho tiempo, ni siquiera tú y yo, hay que vivir combatiéndose, es la ley, la única manera que vale la pena pero duele, Rocamadour, y es sucio y amargo, a ti no te gustaría, tú que ves a veces los corderitos en el campo, o que oyes los pájaros parados en la veleta de la casa. Horacio me trata de sentimental, me trata de materialista, me trata de todo porque no te traigo o porque quiero traerte, porque renuncio, porque quiero ir a verte, porque de golpe comprendo que no puedo ir, porque soy capaz de caminar una hora bajo el agua si en algún barrio que no conozco pasan Potemkin y hay que verlo aunque se caiga el mundo, Rocamadour, porque el mundo ya no importa si uno no tiene fuerzas para seguir eligiendo algo verdadero, si uno se ordena como un cajón de la cómoda y te pone a ti de un lado, el domingo del otro, el amor de la madre, el juguete nuevo, la gare de Montparnasse, el tren, la visita que hay que hacer. No me da la gana de ir, Rocamadour, y tú sabes que está bien y no estás triste. Horacio tiene razón, no me importa nada de ti a veces, y creo que eso me lo agradecerás un día cuando comprendas, cuando veas que valía la pena que yo fuera como soy. Pero lloro lo mismo, Rocamadour, me equivoco, porque a lo mejor soy mala o estoy enferma o un poco idiota, no mucho, un poco pero eso es terrible, la sola idea me da cólicos, tengo completamente metidos para adentro los dedos de los pies, voy a reventar los zapatos si no me los saco, y te quiero tanto, Rocamadour, bebé Rocamadour, dientecito de ajo, te quiero tanto, nariz de azúcar, arbolito, caballito de juguete ...

12.1.07

Y zás! 1, 2, 3 becuadro

Un espacio caído desde el caracol de tu boca,

desde el espasmo de árboles y copas de poemas,

verdes, maduros de tanto recitarlos, repetirlos en

tiza sobre cemento… Y luego un asfalto petrificado.

Desde el fuego insensible de tus y (míos) yos son sólo

planicies quebradas. No hay mares ni odiseas de

por medio,

ni alentables caracoles infinitos caídos del nudo

de las bocas,

no hay lenguas nuevas, ni partidos deportistas

olvidados. Somos y no.

Era,

y ya, la cantata de nadie, de todos, de una piel

que corrugaba al ritmo del pulso angustiante, de pasos

de guerra, de saber que somos una batalla.

Ejércitos de partículas propias, somos más

que sangre somos más que sangrías.

Himno mío,

y más verso muerto entre tanta palabrería, y

sí. Palabra-ría, y todo. Y sí, contaba la vida

de soles y días, de cabalgates entre un espejo

que no paraba de mirarme, que en su fondo yo mis-

ma me observaba desde cualquier parte, en el

fondo la guerra era vacía de nada.

Un becuadro, dos becuadros, un matiz que

roía la penumbra limitante, 1… 2… 3, y

zás! otra vez un caracol y su camino de

baba.

Matic

2.1.07

Sobre lo mundano y lo profano

La intención surgió antes de que naciera, antes de que se hiciera carne el Dios que nos pidió que no alabáramos a nadie más que a él, y al amor que nos uniría como hermanos, prójimos cortados por la misma mano, la de Dios, que nos daría forma a su imagen y semejanza, nos acercaría a la divinidad siendo sus seres predilectos dentro del mundo vivo, dentro de esta perfección salida de la creación, que en pocos días se haría paraíso. Todos los que notaron que una fuerza se imponía ante la realidad y naturaleza de todas las cosas, se percatarían de que algo superior debiera mover el cosmos, el mundo inmenso que los hacía parte de esa magia indescriptible. Se presenta entonces en un desierto, con la caída del maná milagroso, en tablas que regularan su manifestación en el mundo como el UNICO existente, como el único ente espiritual adorable. Aún así, hace 2000 años ha nacido el hijo concebido por sí mismo, Jesús. Y cada año, se ha repetido este nacimiento continuo y perpetuo, hasta que sentimos que realmente es por nosotros y nuestra calidad de humanidad, que es que él ha muerto. La cuestión es quién es, quién está detrás de esa imagen mártir que conocemos. Si realmente sería o no un pedazo divino de un Dios encarnado en un hombre, o si realmente sería su hijo biológico, descendido de los cielos en forma de feto; un hombre, tal vez, que se sintiera hijo de Dios, que sintiera el poder de predicar y crear sociedades que en torno a su imagen y profecía, formarían un cristianismo que rompería con uno de los 10 mandamientos; el justamente, adorar y casi equiparar a Dios, la imagen de Cristo. Lo que distanciaría crucialmente el judaísmo del cristianismo, sería justamente eso, el colocar más arriba del pedestal, la imagen de un mártir religioso (que sin lugar a dudas lo fue), junto a todos aquellos que lo apoyaron. Es increíble notar que si bien el concepto que comprendemos por Jesús Cristo, es inmenso y complejo, no dimensionamos la influencia enorme y angustiante que tuvo en nuestro ahora, en el pasado que cayó aquí; siendo él el que formara un occidente basado en principios y valores, en poderes creados a partir de ese hombre tan sencillo e interpretado de tantas formas que diera origen a múltiples reformas que dijeran y contradijeran lo que se creía que se debía hacer con las palabras de él. En cierta medida, ocurrió lo mismo con Mahoma, con su calidad de profeta auto designado, y no deseando ni hablando de su calidad de hijo de Dios; y que dividiría nuevamente el mundo religioso, el mundo del monoteísmo, el de las religiones orientadas hacia el mismo Dios, que se manifiesta de diferentes formas, que juega a armar religiones, a crear disturbios entre los mismos hijos o seguidores de él; entre los hermanos que no reconocen sus ojos mirando al mismo punto, sus almas orándole al mismo Dios. Un oriente, un occidente, un Israel, un Cristo, una Biblia hebrea, Mahoma con un Corán, o una sinagoga dentro de una Iglesia llena de figuras alegóricas, con imágenes de ángeles, de dedos divinos tocando al elegido Adán. Ni las guerras santas, ni las cruzadas, ni los holocaustos podrán acabar con la disputa eterna por la verdad, esa determinada hace siglos, cuando alguien se dio cuenta que podía creer y comunicarse con ese Dios… Todos ellos hablaron en la misma lengua y no se dieron cuenta que probablemente deseaban una unión, un gran imperio de creyentes en la fuerza de procedencia inferida. Aún así la técnica falló, ¿qué pasó con el monoteísmo universal que se desvió por 2 hombres? Del judaísmo queda un estado ilegal de hombres que luchan por tener un territorio designado, de donde procedían hacía miles de años, y que ahora es de la evolución, de los pobres que creyeron en la otra alternativa, y que quizás, sin que lo noten, siguen tras el mismo Cristo linchado por judíos con poder, que se los tragan. Y son sus hijos.