30.3.07

Escena 5: El agua

Alba: Te quiero.
(Ofelia en el centro del escenario lavándose la cara) Ofelia: ¿Quieres agua? Alba: Sí, por favor. Ofelia: Te quiero. Alba: ¿Te limpio las manos? Ofelia: Sí, he limpiado las paredes de esta casa. Están llenas de textos en otras lenguas, ¿qué querrá decir eso? Alba: Es griego… Ofelia: ¿Y lo lees? Alba: Es como si yo lo hubiese escrito. Ofelia: No… deben haber sido los borrachos y los revolucionarios, a veces se escondían aquí. Esos textos deben ser planes en clave. Alba: Puede ser. Ofelia: ¿Y qué dicen? Alba: Poesía. Ofelia: ah… (le toma de las manos mientras ambas se miran, están de rodillas tras la fuente de agua) Yo te quiero. Alba: Eres un poema, Ofelia. Ofelia: Eres el sol.
(...)

28.3.07

Hasta el mediodía, y las claras y sórdidas campanas, todo para que Sofía saliera del escondite, levantara la tapa del piso subterráneo, corriera por las escaleras hasta llegar al pueblo. Buscar a Montserrat por las calles vacías, levantar un papel para encontrarla allí abajo, como una hormiga… Temblar entera ante la idea de entrar a la Iglesia a casarla, y cazarla de una vez por todas, ante la imagen de un Cristo reventado a balazos… con los cabellos castaños colgando bajo el pecho… Y la Montse cubriéndolo de ropa para que no se resfríe, y cuide su nuevo matrimonio, de blanco las dos, con Dios, con Cristo cubierto de lana.

Buscar en la Iglesia y hallarla rezando de rodillas sin pensar en ella, escapar del escondite de ambas, mientras las madres desesperadas no saben dónde juegan sus hijas.

Ir a misa un domingo por la mañana, y que toquen las 12 del día por las campanas de bronce añejo.

Sofía sigue levantando papeles, restos de cáscaras o envoltorios de cualquier cosa… basura oxidada, todos los desperdicios del pueblo; Sofía llora, olvida la llave de su escondite, deja la puerta abierta para que cualquier madre descubra que allí es dónde se guardan de ellas.

Montse a orillas del lago, friega trapos, ropas sucias, lanas para Jesús, y un vestido nuevo para ambas. Mojar las piernas en las aguas, y la palangana que se llena de telas estrujadas… Un jabón en la cima de todo, la falda arremangada. Muchachos que la miran.

Devolver los ojos y negar la existencia de los expectantes, tirarles una piedra con un puntapié, correr con el balde de color.

Camino pueril, seguido de casas de adobe, siglo XX naciente.

Sofía en la puerta de su casa, sentada en una escalinata pulida y brillante.

Esperar cantando boleros, comer una barra de chocolate a la espera de la aparición de cualquiera que le dijera algo de ella.

Correr desconfiada, no llorar, ni gritar, sólo aúlla de pronto, cuando el zapato se raja y el pie también, y coger la punta de una tijera enterrada en el suelo… y dos chicos asustados por la broma fallida. No hay neumáticos pinchados, y una chica que se llena de sangre y bota al suelo la ropa, que se llena de polvo.

Sofía escucha un ruido conocido, dos chicos corriendo hacia sus casas, y a lo lejos un balde de color que rueda vacío… Una muchacha en el suelo.

Socorrer, y abrazar a 200 m a Montserrat, limpiar con lágrimas la sangre, tomarla con el izquierdo por su cintura, y con el otro brazo recoger la ropa… Aliviarla un poco, llevarla a casa, sentarla en el sofá del salón, cerrar la puerta del escondite y después curarle el pie, guardar el zapato.

Hablarle del Cristo remendado.

Al correr pierde un papel arrugado. Besarla en las mejillas, Montserrat, la mira. Decir que se le perdió el balde de color, que adentro el vestido nuevo, iba recién lavado.

Besarla de nuevo, aludir a cuánto desea vestirse de blanco.

11.3.07

Ψ

- Nos tenemos,

de todas formas blindamos corazones, ojos,

pulmones,

y plumas de pájaros viajeros.

Órganos vitales, secundarios y en algunos

casos,

prescindibles como los dientes.

Esperar,

esperar,

que lleguen más como el segundo, el

tercero.

Como ese cuarto que te espera a ti,

Que es el mismo yo siendo esperado.

- Tenemos todo lo que hay que tener,

tanto como para soportar una tortícolis,

como a un parlante reventando, en los tímpanos

quebrándose de ondas.

Chamuscarse, y no aquejar los sentidos.

Tenemos de todo lo que se puede tener

Para decir que se tiene,

Y más que materia,

Una sustancia imperceptible.

- Qué hay de la muerte

para ser todo esto, hay y no,

agua subiendo y bajando,

cascadas arriba y abajo,

retrocediendo la visión gravitatorio-lógica,

la muerte up and dawn,

con guadaña- paloma,

con la misma,

con el arma complementada.

Así sea, rogar,

no hay de qué temer.

- Quiero a mi cuarto,

espera,

estación de trenes abandonada,

fantasmal- olvidadiza.

Allí, donde rueden bolas de paja,

allí, un fardo de hombre,

tal como la muerte

bajar y subir la mirada,

no ver en esto, (yo) nada.

Ver,

ser,

sentir como las sombras,

un hielo que se oscurece para reírse

en silencio.

- La muerte en la niñez,

olvidarla en las pesadillas,

en los dientes bajo la almohada.

Nos tenemos,

tú como ratón recicla- molares,

y yo como pesadilla de mí misma,

los traumas espectrales,

soy una estación que se vuelve polvo,

que regresa a pie hasta la casa,

junto a aves desplumadas,

que se blindan en los ojos,

en las manos,

en la piel que se hace más agua. -