14.2.06

Cronología de la pelota

El rival se acerca a su contrincante, menea la pierna sobre el contorno de la esfera, dándole sentido al mundo, en su misma forma. Una pelota. Observa como se desliza ésta, por el pasto, entre las piernas, pies, cabezas. Cada jugador pendiente de dónde se lanza, cómo se ataja, quién. El tiempo corre, cada segundo es sagrado para dar vuelta el partido. Patea la esfera, como el planeta, redonda... pateada. La pelota gira sobre su propio eje, rota. A la vez se traslada, y es observada por las miradas expectantes de los jugadores, ansiando hacer algo por su beneficio... marcar otro punto, defender, atacar, o vencer. Ella, como el planeta, gira en torno a su motor. El planeta vive gracias al Sol, y el balón gracias al pie humano, que le da el movimiento, lo patea. Festeja el gol, el punto marcado que le dará un magnífico punto a su favor. Son sus vidas que giran en torno a una pelota, que le dan sentido a su funcionamiento. Y la lanzan con el pie, la patean. La tierra nos da la vida, con cada regalo pequeño que podemos hallar bajo una piedra, en una mirada, en el aire... En cada sensación; todo gracias a la Tierra. El ser humano, la utiliza, y después, la patea, la hace girar con motores de acero, y crea así metáforas. Ciertas a decir verdad: Una pelota, imitación del mundo a escala; tras ella corren los hombres, buscando la respuesta a su fuerza bruta. La patean, gol, fuerza, festejo, sentido, euforia... ¡Gol! Siempre buscando su origen, él vuelve a la caverna. Y como un troglodita tras un coco, él corre tras la pelota que gira cuesta abajo, rotando, cayendo en un vacío tan hueco de pensamiento... El mundo cae gracias al pie que no atajó la pelota, fue un gol en su contra, y se enfurece, busca un error en la décima de segundo en la que ocurrió todo. No puede ser, por ese fallo ínfimo, ¡está cayendo su mundo! Cae, cae, y no lo puede atajar, perderán el torneo, su prestigio y tantas cosas más. El mundo cae, nadie lo ataja. El arquero, agotado, espera un par de segundos a que suene el silbato que anuncie el término del duro partido, el inicio del fin. Se acercan a la banca, el director técnico los sermonea, rojo de cólera, enfurecido, idiotizado por el mareo que le producía observar casi 2 horas, a una pelota en movimiento. No lo entiende, estaba todo listo todo planeado para ganar. Se ducha, relajando sus músculos endurecidos por tanto correr tras ella. El estadio estaba cerca de su casa, camina cinco cuadras, saca la llave, abre la puerta, se sienta en el sillón, prende la tele, sintoniza ESPN. Ve un programa deportivo toda la noche. Sigue la pelota con la mirada, se estimula y grita, llora, vive tras aquella bola de cuero y plástico, porque de ella vive, de su suerte con ella y de un giro más que dé. Saturnine

4 comentarios:

prettyalmi dijo...

Que triste martina.
Después de habernos juntado y yo andar toda amelie por la vida, me bajo la depressione y ahora que leí tu texto ganador me siento dentro del partido.
Sí, me encanta ser la pelota.

prettyalmi dijo...

Sí, tienes toda la razón tobish.
Me encanta sentirme dominada, que me pateen, rodar por el suelo... y todo eso.
¿Cómo adivinaste?

martina p.r. dijo...

qué fuerte locoss!!
cmo es eso...
qn domina a quin

acaso juegas a ser futbolista y la Alm la pelota??
waaau


o.O

prettyalmi dijo...
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