24.11.08

obituario.

Así era mecido el tiempo,

cuando inventamos la tierra.

Recogieron de esos santos sus reliquias,

y de esas reliquias sus vellos,

y de esos vellos sus genomas,

y del genoma se pronunció la muerte.

Cruzó los ojos y el microscopio,

atravesó la vista,

perforó al avizor desde su centro,

le devolvió la asfixia de antes,

las ausencias innatas.

Arrastró del pasado a la madre,

devoró su endometrio,

borró la huella de los espermios,

escribió en esas páginas de algún diario,

su nombre con una cruz apostólico romana,

arrancó de cuajo sus reliquias,

y de sus reliquias esos vellos,

y de sus vellos ese genoma,

y del genoma salió la muerte.

Los ojos no vieron el centro,

y en el centro de la página,

un obituario con su nombre episcopal,

mal sabido era el tiempo,

en que un espermio perforó ese útero,

y de él salieron esos vellos,

y de los vellos ese genoma,

y del genoma irrumpió la muerte.

Única, ahíta y negra. La muerte.

.... .... ...

11.11.08

mancha.

A rastras de una lengua a lamer,

mojó los pantalones de la desidia

y también sus males endémicos.

Y como rata a las mugres,

persiguió dignidad de putas,

y de salivas trepidando sangre.

Talvez, su carne.

6.11.08

de Reinas

Que las hiedras trepen los muros

y consagren iglesias.

Yo me quedaré quieta

mientras la tierra pasa entre mis piernas

y me quita la vida,

el agua,

las costras de rata.

(...)