27.9.09

ESCENA IV

LUCÍA Si de tus ojos supiera un recuerdo vago, si tu piel no fuera otra que una seda de niña sudada de tiempo… mujer, ahora los años correrían sobre ti y no tus pies sobre la tierra. Descalzas quedan nuestras huellas, porque nosotras no podemos sino esperarnos a la distancia, niña, Elena, ojalá supieras cómo te quería, mi cuerpo era otro bajo el cielo nuestro…

19.9.09

vahído del.cielo

Ríete tú que siempre ríes

y no calles de viento

tus balidos

vahídos del cielo de repente

más pronto que siempre fugaces

vientres sin sangre

pozos a tu siemiente,

hiriente hilarante,

ríete tú que nunca sangras.

18.9.09

ESCENA II

Padre, tú, por qué me has adoptado, si mi cuerpo sólo labra la tierra, y no me oyes cuando te hablo. Qué quehacer humano te es digno, si no soy compañía, si lo propio, femenino, se me borra. No soy para ti más nada, dos manos, dos pies, un tronco chueco que revela mi cuerpo extraño. (Acercándose a Gastón y tomándole la mandíbula con una mano, obligándolo a mirarle) Padre… ¡por qué me gritas como hombre, si animal es lo que eres! ¡Por qué, padre, no me has visto los ojos nunca! Llevo en ellos un reflejo que es tu rostro.

6.9.09

Hijas de Piedra:

como las fieras

ELENA

Te diría padre, pero para eso tu nombre tendría que perderse, porque sólo padre tiene la palabra más grande, y el peso nominado de tu nombre, no puede elevarse sobre la categoría de tu paternidad, que ha de ser mejor que la fallida adopción que cargas sobre la correa con la que me atas, hombre.

GASTÓN

Qué hablas, qué ladras niña, no puedo escucharte si me rumias así, ¡animal perdido!