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16.6.10

Hermano de mi Madre


Mi cuerpo no es cuerpo solo, sino cuerpo solamente.
Mi carne no es carne sola, sino piel pegada a un cuerpo solamente.
Solamente el cuerpo es cuerpo solamente.
Mi Madre es la madre de todos. De nosotros deviene lo vivo.
Bajamos con nuestros cuerpos, nos sumergimos. Mi Madre dice que bajar no es bueno, que su hijo primero hubo de bajar y quemarse los pies.
Mi Madre llora sangre y sangramos hambre, nosotros.

15.4.10

6



B) Mi sexo no es sexo sino cuerpo solo.
A) Ya mi sexo es el sexo de todos, ya lo que invado se me abre solo como un camino generoso en cavidades, mezquino en carnes, penoso en todo lo demás. Penetro el vacío mismo de toda la patria, tengo en mi cuerpo el ascendente máximo hacia la posesión del todo. Soy unidad ontológica por excelencia, soy un yo que deviene fácil.
b) Mi cuerpo es una lata gigante, pero vacía por dentro, parezco un botadero de chatarra, parezco un orificio donde todo entra sin permiso, parezco dios o un agujero negro, soy la madre patria, y por donde entran a mi tierra salen intactos de vuelta, contengo la simiente de mi pueblo, y un mundo de chatarra interestelar se cuela en mi seno negro y gastado, porque el óxido es corrosivo, daño a todos a quienes penetran mi unidad.
A) Penetro la unidad, y de esa unidad fragmento el mundo. No pregunto nada, sólo entro y reconozco mi espacio. El vacío se llena, entonces, y mi regocijo es mayor cuando la precisión de mi fricción se llena de tecnicismos operativos para fijar su engranaje al desgastado y mal habido seno oxidado de la madre patria.

17.3.10

2.0

ALBA: No, mi cuerpo lo sufre a Ud, a la carne misma que nos han sellado.

BENITO: La carne lleva el sello de la tentación primera. Es impura porque no es buena, el que desea sufre.

ALBA: Y yo, hombre, le sufro a Ud. porque lo que deseo es impuro, porque no beso a hombre alguno, porque de mi carne no ha de nacer otro ser, sino sólo sangrar más carne. Dígame entonces a quién le rezo y por qué motivo. Dígame Ud. si tengo motivos para morir degollada, para no sentir el peso de mi cuerpo sino sólo al caer, pesadamente sobre el suelo frío de este infierno.

6.2.10

4.

S-H-E

Yo me consumo el cuerpo, lo consumo como el bien inmueble que es,

lo consumo yo para evitar que otro lo consuma,

para desgastar yo mis propias partes y mis fisuras,

para que entre cada coyuntura física, sea mi mano quien solucione el problema.

Me consumo el cuerpo para no consumir otra cosa,

por ejemplo, un café expreso mientras espero a alguien,

o una manicure francesa para pulir mis uñas.

Digo: prefiero consumirme yo misma antes que otro lo haga por mí,

digo: si yo no me toco el cuerpo, si no soy yo la que despego células muertas de mi piel,

si no soy yo la que masajeo mi rostro frotando las manos contra mis párpados,

si no soy yo, alguien usufructuará en base al encuentro.

El otro, el que quiere tocarme, siempre querrá más que desgastar,

el consumo es inmediato, no hay inversión.

El consumo se pierde en la inmediatez de su inacción,

el consumo no produce nada,

el consumo no consume otra cosa que al producto mismo,

el producto está fragmentado en su producción,

no hay mano responsable de lo producido,

no es extensión de la mano artesana que se identifique en ella, no,

el producto a consumir es fragmentario, digo: allí estamos nosotros,

hijos de la estratificación de los sistemas de producción,

digo: allí mi cuerpo es una unidad perdida donde nadie se identifica más que con las partes.

Si otro me toca, me digo que ese otro no tocará nada,

si otro me consume me digo que no sé qué parte de mí está tocando,

prefiero, entonces, consumir mi propio cuerpo para que se haga leve el dolor de no tenerlo,

porque si soy yo la que retira las células muertas de mi piel,

en la yema he retirado parte de mí, y soy yo quien la conserva.

31.1.10

3. ella intenta ver más allá de lo que vive. Yo intento ver más allá de lo que vivo, intento, en rigor, verte a ti, porque a ti te escogí. No es fácil, hombre, rasgarte el cuerpo con los ojos… pero es de los ojos de donde sale el alma, y de la carne sales tú, como cuerpo enfermo. Te mino los ojos para no ver tu dolor, espero que no me veas tú cuando te lloro, espero que tu ceguera te culpe el cuerpo, que te escupa el centro de tu cuesco seco. No tienes corazón, no, las lombrices te han comido vivo, el cerebro, los ojos, las vértebras son un manojo de huesos vacíos. Eres un fin en ti mismo. Entonces el cuerpo se te consume, entonces la carne es irracional, y tus ojos, y tu centro enfermo, y tu cuesco seco. Eres un fin, estás en el fin, el fin eres tú y el medio no importa. Mis ojos son el fascismo que carcome la irracionalidad de tu cuerpo, mis manos son la incapacidad de pensar que lastima tu piel. Mi lengua, hombre, palpita agitada tu boca buscando algo… no encuentra, no, porque algo yace muerto al otro lado: tu lengua. Yo quiero ver más allá de lo que eres, porque lo que muestras no es transparencia ni aparición. Quiero ver tu carne pegada al cuerpo, quiero oler lo que exudas y lo que emanas, quiero saber por qué he de matarte pronto, y por qué no después. Quiero matarte ahora para no seguir viéndote humano, porque si esa mano se mueve, o esa boca responde… si tú me dices que eres nuevo, que eres uno, que eres más que lo que muestras… entonces la carne se te hará piel, y el pelo se tejerá como la costumbre de vivir así no más. No quiero que me hables, sólo abre la boca y espera… cuando me llamen sonará el detonador de tu muerte, y luego de eso, te lloraré como nunca, porque en ese tiempo fui más humana que tú, pero más pequeña que dios.