16.6.10
Hermano de mi Madre
15.4.10
6
17.3.10
2.0
ALBA: No, mi cuerpo lo sufre a Ud, a la carne misma que nos han sellado.
BENITO: La carne lleva el sello de la tentación primera. Es impura porque no es buena, el que desea sufre.
ALBA: Y yo, hombre, le sufro a Ud. porque lo que deseo es impuro, porque no beso a hombre alguno, porque de mi carne no ha de nacer otro ser, sino sólo sangrar más carne. Dígame entonces a quién le rezo y por qué motivo. Dígame Ud. si tengo motivos para morir degollada, para no sentir el peso de mi cuerpo sino sólo al caer, pesadamente sobre el suelo frío de este infierno.
6.2.10
S-H-E
Yo me consumo el cuerpo, lo consumo como el bien inmueble que es,
lo consumo yo para evitar que otro lo consuma,
para desgastar yo mis propias partes y mis fisuras,
para que entre cada coyuntura física, sea mi mano quien solucione el problema.
Me consumo el cuerpo para no consumir otra cosa,
por ejemplo, un café expreso mientras espero a alguien,
o una manicure francesa para pulir mis uñas.
Digo: prefiero consumirme yo misma antes que otro lo haga por mí,
digo: si yo no me toco el cuerpo, si no soy yo la que despego células muertas de mi piel,
si no soy yo la que masajeo mi rostro frotando las manos contra mis párpados,
si no soy yo, alguien usufructuará en base al encuentro.
El otro, el que quiere tocarme, siempre querrá más que desgastar,
el consumo es inmediato, no hay inversión.
El consumo se pierde en la inmediatez de su inacción,
el consumo no produce nada,
el consumo no consume otra cosa que al producto mismo,
el producto está fragmentado en su producción,
no hay mano responsable de lo producido,
no es extensión de la mano artesana que se identifique en ella, no,
el producto a consumir es fragmentario, digo: allí estamos nosotros,
hijos de la estratificación de los sistemas de producción,
digo: allí mi cuerpo es una unidad perdida donde nadie se identifica más que con las partes.
Si otro me toca, me digo que ese otro no tocará nada,
si otro me consume me digo que no sé qué parte de mí está tocando,
prefiero, entonces, consumir mi propio cuerpo para que se haga leve el dolor de no tenerlo,
porque si soy yo la que retira las células muertas de mi piel,
en la yema he retirado parte de mí, y soy yo quien la conserva.
