LUCÍA (Elena de antaño): (Llorando desconsoladamente) Está bien, como sea su voluntad.
SACERDOTE: Lavará con lágrimas.
LUCÍA: Si pudiera lo haría con sangre.
SACERDOTE: Ud. no tiene sangre, Elena, porque la sangre fluye sólo en los vivos.
En este minuto, en este lugar, ha perdido su vida.