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12.6.10

iv.



Yo le miro a usted,


¿sabe?


y con los ojos trenzo su efluvio negro.


De las manos suyas brota el oro,


brilla ahí,


bajo sus piernas,


y hierve,


duele y hiere,


¿sabe?


le trenzaría a usted las manos y no


el pelo,


para no llagarse los dedos de tocar lo


que quema,


porque es oro, mamai,


y lo tragamos caliente


e invocamos al Sol.

25.5.10

ch'alla


I
Levantan la carne ellos,
no ven más nada detrás del cuerpo.
Se dicen a viva voz
que ha nacido de nuevo,
y levantan la carne
y se besan adentro.