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3.10.10

cuerpo da




2.



Imperante te mueves frente a mí como una masa indefinida.


Anónima tu masa y el cuerpo que lo cubre funcional.


Doméstico tu cuerpo y a domesticar lo que declama,


silencias todo con la presencia disconforme de tu carne.


Tu carne se deforma al penetrar en otras carnes,


las otras se enajenan dolorosas en tus formas.


Ajeno tu cuerpo al movimiento que desglosas,


inconexa la piel a la sangre tejida de tu carne.


Grasa, párpados caídos incapaces de mirar lo que deviene.


Una horda de insectos deseosos de tu grasa,


enardecida entre los poros sudorosos de tus palmas.


Trepidan los muslos y pellizcan negros tus escamas.


Tu cuerpo se desplaza lentamente hasta su centro,


descentrado tu ojo de su seno miras bien lo que carcomen.


Te mueves frente a mí como una masa inoperante y temblorosa.


Mascullas un grito incapaz de revelar contenido sonoro,


inconexa tu boca a la voz tejida de tu carne.


Tu carne se deforma desglosada en la desidia.


Ávidos ven moverse tu morbilidad desde su dentro, y no reclaman.

24.9.10

cuerpo da



Ha tomado de dentro y de allí hasta donde sí colmado el fruto de su vientre reptando busco la simiente encuentro serpientes en el seno mi leche frente al pulso nuestro lloro inundo colmo las  piernas abiertas unidas laceradas sin heridas aparentes así reviente de llenarme lentamente a mi fuente la calma no a la lengua que desdobla nuestra pena.

1.9.10

-


No miento si pierdo la vista al

mirar directo al sol,

no irrito mis manos si la piedra

 









que me cubre se hace arena de

siglo en siglo.

No me callo si a los ojos le falto

el ver del prometido pestañeo de

Dios a este mundo.

26.8.10




Porque te encuentras a la orilla del hombre,
como si fuera el muslo el que deviniese en tu borde.
Revientas así, a veces en el costado fresco de mi carne.
Como agua, como caudal de río viejo
nos llueven como golpeando.
Nos golpean como a sabiendas del dolor anclado.

8.7.10

(...)



Yo quiero que mi piel se queme como bramando,

yo quiero que mis ojos se lloren como diciendo en vano,

yo quiero invocar al cielo como el suelo me implora oídos.

Así,

a rastras, a tientas mis venas,

con los pies hundidos en la pena de volverse polvo,

porque polvo serán después de pisar fuerte y leve,

como volando en cada salto,

como peleando la tierra,

como llamando al suelo, 

despertando al monstruo.




27.6.10

.



Se tropezaban, los pies
enteros se trababan.
Caían, rodaban
ultrajaban el cielo
con su rugido
siniestro,
calamitoso en su desvelo,
en su suelo los pasos entrampados,
hundidos.

12.6.10

iv.



Yo le miro a usted,


¿sabe?


y con los ojos trenzo su efluvio negro.


De las manos suyas brota el oro,


brilla ahí,


bajo sus piernas,


y hierve,


duele y hiere,


¿sabe?


le trenzaría a usted las manos y no


el pelo,


para no llagarse los dedos de tocar lo


que quema,


porque es oro, mamai,


y lo tragamos caliente


e invocamos al Sol.

18.5.10

- de tu costilla

(a H.R.)
Y en tu tierra,
mancha, húmeda en lo que miras,
tibia esa piel tuya,
hondos esos ojos y en lo que habitan
se abre de pronto
el abismo
         se
             diluye
y todo,
incluso el vacío:
más ahíto que la boca declamada,
más prosaica la palabra que deviene de tu sombra.
Has de ser lo más claro y soluto,
lo más distinto del todo,
muelas, el rojo al vivo, sí,
se desprenden autómatas del fruto de tu carne,
carne nuestra,
tierra fértil
estro del cuerpo uno de la palabra derramada,
y en tu tierra,
mía la lengua yace dispersa,
carnada del tiempo,
manchada, bien al cinto de lo que eres,
abierta, raída, rajada la pena,
vacíame tú que todo lo puedes,
diluye el resto que deviene
a tu piel,
honda habitante en lo soluto.

8.5.10

.-

Uno, no me digas el sino
mas no el si del tuyo
así, cerrado al puño extraño
todo, no desprendas el vuelo
aquí.

4.4.10

Ch'alla

III

La sangre, hombre, 
no siempre emana de las heridas,
la sangre se abre cuando el 
cuerpo desconoce
el silencio es más fuerte que la llave que la
calma,

- la llave es la sangre de un cuerpo otro, 
del cadáver
siniestro, del funesto adjetivo-
todo, me digo,
se llena de esa materia. 
El color de la sangre es el 
mismo de todo a lo
que se le teme.

- la boca es roja, también su lengua, y
de lo que salga o se bese con ella,
puede surgir

la muerte.

El diablo es rubio,
pagano entero su rojo
color del cielo cuando
quiere apagar de la sangre y como 
a todo
se le teme al rojo y a lo que sale de 
la lengua
su color es sangre de otra
EVA

- El comunismo es rojo
como el fuego el sexo, la manzana primera
roja como el pecho rojo
y el corazón de Dios
que late a lo lejos
y rojo como el diablo
y rubio como el oro, y brilla 
intenso
minado en muerte,
veta, decimos, socavada.

Diablada roja, muerte en potencia.

3.4.10

Ch'alla

VI. 
"(...) Hijo, la colonia brilló por su 
 presencia, 
 no ausentes tu existencia,  
que mas no podría llorar las  
aguas que aún no han caído."

19.9.09

vahído del.cielo

Ríete tú que siempre ríes

y no calles de viento

tus balidos

vahídos del cielo de repente

más pronto que siempre fugaces

vientres sin sangre

pozos a tu siemiente,

hiriente hilarante,

ríete tú que nunca sangras.