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14.5.09

Es la saliva cuando se besa sola la palabra me muerde los senos macho hambriento voraz es el viento de sus ojos sopla fuerte entre las bocas.

15.12.08

Acto II, escena II

Romeo, deletreo tu nombre como el veneno de mi estirpe,

y tras el juramento de tu amor,

mi nombre perderá el conjuro que nos separa.

Porque no serán tus manos ni tus ojos quienes sellen

de Montesco tu sangre, porque las letras del linaje han de ser enemigos,

no el amor ¿¡qué en tu boca sino una rosa libre!?

Quitémonos los nombres para ser sólo del tiempo,

tómame Romeo, como a esa rosa que es tu nombre...

(humildemente reescrito)

24.11.08

obituario.

Así era mecido el tiempo,

cuando inventamos la tierra.

Recogieron de esos santos sus reliquias,

y de esas reliquias sus vellos,

y de esos vellos sus genomas,

y del genoma se pronunció la muerte.

Cruzó los ojos y el microscopio,

atravesó la vista,

perforó al avizor desde su centro,

le devolvió la asfixia de antes,

las ausencias innatas.

Arrastró del pasado a la madre,

devoró su endometrio,

borró la huella de los espermios,

escribió en esas páginas de algún diario,

su nombre con una cruz apostólico romana,

arrancó de cuajo sus reliquias,

y de sus reliquias esos vellos,

y de sus vellos ese genoma,

y del genoma salió la muerte.

Los ojos no vieron el centro,

y en el centro de la página,

un obituario con su nombre episcopal,

mal sabido era el tiempo,

en que un espermio perforó ese útero,

y de él salieron esos vellos,

y de los vellos ese genoma,

y del genoma irrumpió la muerte.

Única, ahíta y negra. La muerte.

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