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16.8.10

La Raza



Hubo soles que se dejaron rodear una y otra vez por planetas, y en esos planetas hubo seres que crecieron como plantas, y sacaron a la luz sus brotes y movieron las raíces hasta hacerse pies, y caminaron, y luego corrieron para detenerse en seco ante las rocas, y los ríos. Allí bebieron también, y utilizaron las manos como cuencos.

15.4.10

6



B) Mi sexo no es sexo sino cuerpo solo.
A) Ya mi sexo es el sexo de todos, ya lo que invado se me abre solo como un camino generoso en cavidades, mezquino en carnes, penoso en todo lo demás. Penetro el vacío mismo de toda la patria, tengo en mi cuerpo el ascendente máximo hacia la posesión del todo. Soy unidad ontológica por excelencia, soy un yo que deviene fácil.
b) Mi cuerpo es una lata gigante, pero vacía por dentro, parezco un botadero de chatarra, parezco un orificio donde todo entra sin permiso, parezco dios o un agujero negro, soy la madre patria, y por donde entran a mi tierra salen intactos de vuelta, contengo la simiente de mi pueblo, y un mundo de chatarra interestelar se cuela en mi seno negro y gastado, porque el óxido es corrosivo, daño a todos a quienes penetran mi unidad.
A) Penetro la unidad, y de esa unidad fragmento el mundo. No pregunto nada, sólo entro y reconozco mi espacio. El vacío se llena, entonces, y mi regocijo es mayor cuando la precisión de mi fricción se llena de tecnicismos operativos para fijar su engranaje al desgastado y mal habido seno oxidado de la madre patria.

11.4.10

sobre los fines sediciosos

ISABEL.-

Era oro, pensé, lo que sangraba cuando estaba con él.
Era peste, pensé, cuando me enfermaba,
él me enfermaba el cuerpo.
(...)
"El mal es infinito -pensamos ambos- no se irá nunca".
La venganza.
La sed.
El miedo, y nosotros en el centro, rayanos en la muerte, al filo de la vida, como si vivir fuera así: un devenir constante, una probadita de ambos lados.
Tener en el cuerpo el poder de la muerte es feroz.
“Es mortal amar”, pensamos, siempre pensamos juntos. Si nos hemos condenado así, entonces condenemos a la piedra primera… la lanzada por el que estuvo libre de pecado, y nos hirió en su acto.
(Él vuelve corriendo, agitado y temeroso. Se mete en el auto y lo prende. Ella corre y se mete en el auto cuando este comienza a marchar)

5.3.10

1. UNDER TITICACA'S SKY

(...)El vacío siempre llega, el vacío siempre vive para llenarse de algo, el vacío es el agujero mismo que, voraz, se entrega al hombre, y a la mujer, como el acto fálico de irrumpir, el símbolo ascensional de corromper el hueco y perpetuar la ruptura. El vacío siempre es pasivo, el habla rompe el hielo que germina del lenguaje del cuerpo, mal leído como silencio, malamente, injustamente sabido como omisión.

6.2.10

4.

S-H-E

Yo me consumo el cuerpo, lo consumo como el bien inmueble que es,

lo consumo yo para evitar que otro lo consuma,

para desgastar yo mis propias partes y mis fisuras,

para que entre cada coyuntura física, sea mi mano quien solucione el problema.

Me consumo el cuerpo para no consumir otra cosa,

por ejemplo, un café expreso mientras espero a alguien,

o una manicure francesa para pulir mis uñas.

Digo: prefiero consumirme yo misma antes que otro lo haga por mí,

digo: si yo no me toco el cuerpo, si no soy yo la que despego células muertas de mi piel,

si no soy yo la que masajeo mi rostro frotando las manos contra mis párpados,

si no soy yo, alguien usufructuará en base al encuentro.

El otro, el que quiere tocarme, siempre querrá más que desgastar,

el consumo es inmediato, no hay inversión.

El consumo se pierde en la inmediatez de su inacción,

el consumo no produce nada,

el consumo no consume otra cosa que al producto mismo,

el producto está fragmentado en su producción,

no hay mano responsable de lo producido,

no es extensión de la mano artesana que se identifique en ella, no,

el producto a consumir es fragmentario, digo: allí estamos nosotros,

hijos de la estratificación de los sistemas de producción,

digo: allí mi cuerpo es una unidad perdida donde nadie se identifica más que con las partes.

Si otro me toca, me digo que ese otro no tocará nada,

si otro me consume me digo que no sé qué parte de mí está tocando,

prefiero, entonces, consumir mi propio cuerpo para que se haga leve el dolor de no tenerlo,

porque si soy yo la que retira las células muertas de mi piel,

en la yema he retirado parte de mí, y soy yo quien la conserva.

20.1.10

monólogo I

- Un hombre sólo habla, tiene una apariencia cualquiera, pero sus labios se muestran azulinos. No es el frío común, no, es el arma que guarda en el cuerpo, es el metal que le hiela la piel. HOMBRE.- (...) Quisiera matarme, pero dejaría de ser Dios. A lo mejor Dios se ha suicidado, y nadie lo sabe. A lo mejor quiso sentirse mortal, quiso ser a imagen y semejanza de los hombres, que ya empezaban a matarse para hacerse dioses.

23.10.09

(...)

CLARA

Dos niñas exhaustas de beber el centro y médula del cuerpo, de esa leche que mana de la pena y la angustia amarga. Corrían, porque aún beben si corren, y aún corrían entre Uds., si es que bebían del mismo cuerpo. Tal vez eran sus ojos quienes corrían, huían de mirarse bien, de centrar la mirada ante la otra, interpelándose.

27.9.09

ESCENA IV

LUCÍA Si de tus ojos supiera un recuerdo vago, si tu piel no fuera otra que una seda de niña sudada de tiempo… mujer, ahora los años correrían sobre ti y no tus pies sobre la tierra. Descalzas quedan nuestras huellas, porque nosotras no podemos sino esperarnos a la distancia, niña, Elena, ojalá supieras cómo te quería, mi cuerpo era otro bajo el cielo nuestro…